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Póker

Viernes, 18 Enero, 2008

“Anoche decidí jugar toda mi fortuna a un mísero póker de damas,
y perdí hasta la vida.”

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Ángel

Domingo, 13 Enero, 2008

Al Ángel negro que nos enseñó a amar la poesía
con dos cubitos de hielo y un 
Etiqueta Negra.

Sobran los motivos, y las palabras, cuando uno se despierta con las ondas de radio aullando por la muerte de un amigo, de un maestro. Le faltó el aire al final, justo cuando se lo había fumado todo antes. Por eso, y por lo que nos queda, un ducados y un cubata huérfano de soledades, brindemos ahora al sol por descubrir en sus versos que lo que más hace falta en este mundo no es la vida, sino la libertad.

D.E.P.
Ángel González

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Feliz año tardío

Domingo, 6 Enero, 2008

Este año que empieza, por fin, no tengo ningún propósito nuevo. Soy realista. No cumpliré lo que no he hecho en todo el año pasado. Es más, aún tengo por realizar los deseos de 2005/2006/2007, que quedaron colgando.

Espero escribir más, eso sí, dejar la introspección de mi diario para ejercitarme en las calles. Al fin y al cabo,  como dice mi amigo Andrés: “este año ha sido un año, que no es poco”.

Feliz año 2008… bueno, y 2007 también.

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La isla

Lunes, 10 Diciembre, 2007

Madrugar aún entre sueños. Sentir las nubes. Sonrisas en la puerta de cola. Life vest under your seat. Trabajos de última hora. Descanso forzoso. Fotografías a pie de pista. La  Global verde. Marear La Avenida. Leer La Provincia. Reencuentros por la espalda. Engañarme con carne mechada. Los primeros cortados. ¿Triana? Enamorarme de Las Canteras. Albóndigas y Federico. Siestas a nivel del mar. La guagua de la Cruz del Campo. Dejarse llover. Fast Good. Tafira no es Tarifa. Comentarios de Universidades. Esperas infructuosas. Paseos eternos por la Avenida. Descubrir los balcones. Cortados con sabor a Cádiz. Siestas sin dormir. Amar en tiempos revueltos. Primeras lágrimas. Amargarnos a distancia. Retratar la imaginación. Soñar despierto. Buscar la soledad. Árboles de navidad a veinte grados. Saborear Tropicales. La espera del banco. No hallar respuestas. Las Ciudades. Bailar bajo la lluvia. Recibir llamadas. Cabrearse. Pizzas en manga corta. Endulzarse con ron-miel. Paraninfo con Rage. Iberia Sumergida. Afonía. Los mensajes cifrados. Desnudar el alma a ras de suelo. Incomprender la vida. Adorar las luces en la oscuridad. Silencios que cuentan una vida. Quedarnos dormidos en el sofá. Amistad para siempre. Olas a modo de nana. Detener los relojes. La vuelta de Pulgarcito. Algún lugar encontraré. Más cortados. Pastel de queso. Mapas señalados. Los puentes. Cafés llenos de gente. Clase magistral. Creerse importante. Paseo marítimo. Los columpios que vuelan. La lista de películas. Tinta verde. La despedida. El abrazo partido. Llorar. Echarse a temblar. Odiar las distancias. (…)

Equivocarse. Morir en Callao. Echar de menos. Morderse los nudillos. Rescatar el frío. Resucitar en Gran Vía.

Añorar la isla.
Mi isla.

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El paseo (I)

Miércoles, 21 Noviembre, 2007

Me gusta salir por las noches, ahora que ha llegado el invierno, a pasear. El paseo debe ser como lo inventó Walser, sin un proposito definido y, por lo general, durante un período de tiempo vago. Paseamos por norma buscando encontrar algo dentro de nosotros mismos, cuando lo que propio sería dejar la mente en blanco y empaparnos de todas aquellas sensaciones, miradas, gestos y sonidos que vayamos encontrando. Yo suelo salir a pasear, como he dicho, por las noches. Antes lo hacía en compañía, logrando que la conversación de la otra persona nos nublara un poco los pensamientos del día, pero ahora lo hago sólo.

Intento llevar conmigo una carpeta con hojas, un rotulador negro, algunas canciones y el sombrero, por eso de que en el Norte siempre corre viento. Los días de lluvia aparentan ser mejores porque desnudan la ciudad y la dejan limpia, permitiendo que el ojo descubra lo que normalmente permanece oculto bajo capas de maquillaje/polución. Las ciudades, si se las quiere bien, terminan siendo más fieles que las personas, y siempre terminamos reconociendo nuestro amor por alguna. Alguna ciudad, quiero decir. (Persona también, supongo)

A pesar de mi insomnio, soy un gran aficionado a beber café por las noches. Por eso siempre que puedo me pierdo entre las mesas del Orient Express, una cafetería con aromas de tren rancio y viajes al fin del mundo, donde más cómodo me siento. El “compartimento” del fondo a la izquierda (por aquello de que la lámpara también quede a la izquierda) (manías de uno) tiene ya mi forma hecha en el banco. Algún día deberían acordarse de que yo solía parar por allí, aunque sea abaratándome el precio del café-conboladehelado o sirviéndome ración doble de chocolatina. Una vez acomodado, abro la carpeta con folios que encontré en la basura, puede que de algún arquitecto, y me dispongo a trabajar. Escribir es un trabajo como otro cualquiera, aunque no siempre deje dinero.

Leo en un cartel que pone: “Si necesitas trabajo, hazte palista”. Es otra opción, pero prefiero vivir del hambre.

En este momento, surge un problema. Recuerdos. La persona que ocupaba el otro hueco y que ahora no está. O no quiere estar. O que está tan lejos que no puede estar. La alarma de la melancolía salta y es tiempo de pagar y salir huyendo, hasta la próxima.

Para cruzar la calle, es necesario saltar algunos charcos haciendo uso del arte de los trapecistas rusos, que en ningún momento me ha enseñado nadie. Me mojo y seguiré mojado durante los dos o tres resfriados que me dura el invierno. Al torcer la esquina, abro los pulmones para que una bocanada de vida me llene hasta los poros: “TANATORIO”, reza el luminoso junto a jarrones de flores y rótulos con la orden del día. Según me de, hay días que me confundo con semblante serio entre la gente dando el pésame a unos y otros, ya que siempre hay que mantener las formas.

(continuará…)