
Querido amigo:
Te escribo desde el paraíso. Perdón por la tardanza, tanto más cuando no me despedí al irme. Acudo a este lugar cada vez que me siento triste, maldito, deprimido… y sólo. ¿Alguna vez te has planteado el significado de la soledad? Mi opinión es que supone el impulso de unas manos que nos invitan a pelear. De esa lucha podemos salir vencedores pero ¿y si perdemos? Sí, nos hundimos y nos caemos hasta que nos hagamos fuertes.
Me dejo llevar por la espuma hasta escuchar los sonidos de mi silencio. Las sirenas esperan que les cante, pero me he quedado afónico al verlas y ahora no puedo. Al final nos sentamos en las rocas tomando un poco de mate y esperando que la luna nos contara un cuento, pero no pudo ser. Como supongo te habrás dado cuenta, me he traído tu armónica, así que pude terminar la noche tocando algo de Dylan.
La primera impresión cuando llegué es que todo había cambiado, menos yo. Los hombres que ya tenemos algo de mundo volvemos a un sitio por segunda vez buscando su esencia, así que no me importó que el paisaje no fuera el mismo mientras quedara su aroma. Los aromas del recuerdo, que nos hacen prisioneros de un tiempo siempre presente, en el que no existe el ayer ni el mañana y por los que nunca pasan las horas.
Espero que, cuando recibas la carta, subas al tejado para que puedas recibir el abrazo que te mando desde la distancia.
———————————————————————————–
para escuchar… Bunbury y Vegas – Días extraños