Una nevada mañana, como otra cualquiera
en esta ciudad sin tiempo.
La mirada perdida, anhelando encontrarse
los ojos de ella. Maldita la hora en que sólo funciona
un qué tal y un hasta luego.
El deseo, enfriado bajo el sol de enero, llueve,
provocando que el beso, casi estafado,
parezca ser el último.
No lo saben, mienten para no hacerse daño.
No se atreven a robarse algo más de tiempo.
Sueñan. Expertos en mundos pararelos,
donde sólo es realidad aquello que no
decir a la cara.
En el papel, un lágrima cae desencajada.
Y Kafka en los labios, para lo que pudo ser un día perfecto.
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para escuchar… Tom Waits – San Diego Serenade