Archivos para diciembre, 2006

Tirando piedras

Posted in cuaderno azul on Domingo, 17 diciembre, 2006 by ajjulia

Toda mi vida ha sido un espejismo, y ahora que la tengo delante, no pienso dejarla escapar.

Atrás han quedado las tardes de bruma y niebla sentado en un banco esperando el momento justo para todo, sin llegar nunca a actuar. Aunque siga manteniéndome al margen de lo que se empeñan en llamar la “gente corriente”, comienzo a acercarme, aunque sea a echar un vistazo y volver a dar un paso atrás.

La suerte está de mi lado. Compré lotería, ya que si no jugaba nunca me iba a tocar, pensé. Paso los días tirando piedras, alargando mucho la mano, para que sepan quién soy y dejar huella más profunda. Me siento en el sitio, momento y con la persona adecuada; todo cuanto deseo es mío, sin depender siquiera de la memoria escrita de mis papeles arrugados.

Hoy, después de tantos años, estoy encantado de haberme conocido; feliz por ser extraño en mis rarezas, penoso en mis tristezas, vividor de mis sueños imposibles, ruiseñor cantando en mi ventana, capitán de mi velero…

(Seguiré vendiéndome al mejor postor)

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para escuchar… Lole y Manuel – Todo es de color

El sabor de la melancolía

Posted in cartilla de viaje on Martes, 12 diciembre, 2006 by ajjulia

Por fin ha aterrizado la nube en su destino. Próxima estación, olvido. Al fin he conseguido que deje de odiarme, fue tan difícil arreglar todo que tuve que emborracharme para seguir amándola en secreto sin que lo supiera. Dicen que los que no saben llorar con todo su corazón tampoco saben reír. De todas formas, llorar sin nadie que te acompañe se hace tan duro que a veces duele, incluso sangra.

No quiero con esto sentar cátedra acerca de lo bien que vivo pensando en una ilusión, viviendo de sueños. No es todo tan real ni tan feliz como aparento, pero es la única forma de vida que conozco últimamente.

He descubierto que tras el Alcázar se abre una puerta que nadie mira desde el otro lado. Me fijé que tras ella se veía la Catedral con la campiña al fondo, esa ciudad que nos dio tantas alegrías mientras existió y me deja el sabor amargo de la melancolía cuando advierto que ya no volverá a ser como antes. Sí, quizás peco de ingenuo y escondo la amargura del paso del tiempo, pero no puedo evitar verme reflejado en las fotografías que he ido recopilando a lo largo de este tiempo y no sentirme persona en este mundo, o a lo mejor es que este mundo ya no se compone de personas… Ni tan siquiera seremos recordados cuando hayamos muerto.

Me recogí temprano y abrí otra botella de Moët Chandon. Caí en la cuenta de lo poca cosa que soy, brindé a la salud de los muertos y, después de varios días soñando, pude dormir en paz.

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para escuchar… Gualberto – La venus de los caracoles