Otoñando

Octubre llega como cada año anticipándose al tiempo de las cerezas, otoñando el paso de las horas con los primeros fríos necesitados de bufandas umbralianas. Reconocemos este período por el regreso de los niños al curso escolar, porque a las cinco de la tarde al paso por la puerta de un colegio de pago nos reconocemos en los miedos de las miradas, por aquello de que nadie pase a buscarnos. La vida vuelve a llenarse de aromas a virutas de lapicero y mochilas cargadas con la ilusión del blanco de los cuadernos por estrenar, pero siempre quedará en el recuerdo el joven que llegó una noche al Café Gijón en busca de una gloria que tardaría años en serle reconocida.

Regresar es siempre volver a empezar donde todo lo dejamos, antes de las vacaciones estivales, aunque la muerte nunca es el final sino una giro hacia los comienzos. Verano nos engaña cada temporada con sus buenas intenciones de palabras mojadas y el olor de geranios y jazmines que se antojan imperecederos en los patios donde malgastamos las tardes con alguna copa de más y mucha literatura de menos. El Marca deja de ser un cúmulo de chascarrillos para volver a la hoja de resultados que todos anhelamos los lunes por la mañana. Los cafés abandonan las terrazas en busca de sus veladores de mármol y los desayunos cesan de servirse a las once y tornan a su horario de ocho a nueve, con ejecutivos de corbatas mal anudadas y banqueros en busca de alguna presa a la que destripar ese día.

Sin duda alguna, todos deseamos la llegada del otoño pese a las promesas incumplidas del cambio climático y fríos gélidos que nunca llegan cuando se les necesita. Los armarios, antes de entretiempo, nos traicionan mostrándonos una ropa que no es la nuestra, que se nos antoja imposible de reconocer frente a un espejo maldito que queda lejos de desearnos los buenos días. Las vacaciones son la principal causa de divorcios y nos engañamos sin cuestionarnos en realidad quiénes somos, por qué hacemos lo que hacemos.

La felicidad dista mucho de seguir esos caminos marcados por canciones de Serrat sobre locos bajitos, carteras y mochilas nuevas; pero al pasar por la puerta de un colegio reconocemos bajo los plisados de las faldas a las lolitas prometidas por Umbral, con su imagen perenne de dandy con botines y bufandas tristes que esconden los secretos en cada uno de sus libros, y que nos ha abandonado para siempre en este otoño donde las miradas no repararán nunca más en la marquesina de un antiguo café de provincias.

 

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para escuchar… Josh Rouse – Love vibration

3 comentarios to “Otoñando”

  1. “Los armarios, antes de entretiempo, nos traicionan mostrándonos una ropa que no es la nuestra…”

    Ésta es la clase de frases que me sacuden, por su intensa carga poética, tan real como la vida misma.

    Un abrazo!

  2. “No sé qué opinión tiene la gente de mí. Supongo que soy un ejemplar bastante raro” – Allen Stewart Königsberg (más conocido como Woody Allen)

  3. ¡Gran texto!

    Y escucharlo con el gran Josh Rouse de fondo… ¡eso ya es para matrícula, amigo!

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