Símbolos de la revolución

La vieja foto del Che que presidía mi cuarto pasó a mejor vida a medida que avanzaba en la veintena. Mis mayores me avisaron de que los ídolos de hoy son el olvido de mañana y, con la mejor de las suertes, permanecen en la memoria un tiempo, hasta que otros ocuparan su sitio. Al revolucionario Ernesto Guevara le sucedió un poco lo mismo, fue agrietándose en carácter debido a no saber encajar los golpes que le propinaron hasta sus propios compañeros, cambiando sus principios a la vez que se despojaba la camisa.

Nunca conoceremos la historia real de los líderes, cómo respondían a cada situación. Acaso grandes pensadores, políticos o artistas, el que creemos fruto de su genialidad proviene de la leyenda que otros han fabricado a su alrededor. En la nación del capitalismo, en la que vivimos un poco todos, el Che se encuentra en un pedestal al que le subieron los que le criticaban. Aunque parezca una paradoja, el arte pop utiliza una serie de personajes que, oh cielos, odiaban el dinero pese a guardarse unas monedas con su efigie en los bolsillos. Para mayor inri,  se ven parodiados en infinitud de ocasiones, sea en camisetas patentadas por diseñadores de prestigio, sea un Mao Zedong en cuadros warholianos de exposiciones de renombre.

Algunas veces me he visto envuelto, sin quererlo, en mítines políticos. No sabes por dónde te va a salir el orador de turno y, si prestas atención a algo más que los bufés de turno, puede que incluso te convenzan hasta para venderte un coche. En todos hay compañeros de turno, tan jóvenes como tú, que te hablan de guerras de las que ni han leído, pero están convencidos de ellas. En todos hay símbolos que ni siquiera hemos vivido, sin embargo los hacemos nuestros. Puestos a decir, incluso te encuentras con personas que pasaban por ahí, como tú, y ya son seguidores enfervorizados de la ideología a seguir.

En Caótica Ana, Julio Medem nos muestra poéticamente una historia que podría ser real: una chica joven y guapa que empieza por ser un genio en potencia en una isla paradisíaca y termina por dedicarse al terrorismo poético en las calles de Nueva York, rebelándose contra su inicial mundo de sueños por cumplir. Actualmente seguimos sin encajar los golpes de los nuestros como le sucedió al Che o como en la ficción a Ana y, encima, dentro de cincuenta años ya nadie llevará flores a nuestra tumba, porque se habrán olvidado de nuestro nombre y no se estamparán camisetas con nuestra cara.

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para escuchar… Lucinda Williams – Are you alright

 

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6 comentarios to “Símbolos de la revolución”

  1. El Che: símbolo globalizado de la antiglobalización, revolución rebajada a objeto de consumo, fast food político. ¡Arrggg!

    Si algunos turistas del ideal leyeran las cosas que escribía…

    Y, lo siento, ya admirado amigo, pero Medem es un director horrendo a mi modo de ver. Un esteta vacío, un falso poeta de la confusión. Y bastante llorica (véase el caso de la inmoral “Pelota vasca”).

    P.D. Te incluyo ya entre mis blogs favoritos. Es un placer leerle.

  2. Vengo del blog de J. y al entrar en el tuyo me emocioné. ¡¡¡Si tienes un mate!!! Pero sin termo, debes ser argentino ;).
    La verdad, no conozco a Medem, pero sí creo que la figura del Che ha hecho mucho daño, sobretodo porque invocando su nombre, muchas personas no dejan que nuestra querida América Latina cicatrice sus heridas, ya es tiempo de perdonar, recordar para no volver a cometer los mismos errores y avanzar todos juntos.
    ¿Sabías que el Che estuvo en Uruguay? Y dijo que en Uruguay no hacía falta una revolución, que con nuestro sistema político no era necesario. No lo escucharon.

  3. -Nahum: creo que discrepamos en algunos asuntos, pero no creo que “La Pelota Vasca” fuera para nada inmoral, creo que tendremos debate pendiente a la vuelta de NYC…

    -mariana: la relación “los feos nunca salimos en la foto”/”el termo es feo” dice mucho; pero no, no soy argentino

  4. Bueno, las feas sí salimos, y discrepo: el termo es lindo y por sobre todo muuuuuy práctico, que los argentinos ya no lo están copiando.
    Me muero de curiosidad, ¿de dónde sacaste esa foto del mate? Estás en el hemisferio Norte…

  5. La discrepancia es sanísima.

    Debate pendiente a la vuelta. Pero, ¿quién eres? La foto es tan pequeñita que no hay manera de reconocerte…

  6. me encantaria contactarme con ustedes

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