Archivo para noviembre, 2007

El paseo (I)

Posted in cuaderno azul with tags , , , on Miércoles, 21 noviembre, 2007 by ajjulia

Me gusta salir por las noches, ahora que ha llegado el invierno, a pasear. El paseo debe ser como lo inventó Walser, sin un proposito definido y, por lo general, durante un período de tiempo vago. Paseamos por norma buscando encontrar algo dentro de nosotros mismos, cuando lo que propio sería dejar la mente en blanco y empaparnos de todas aquellas sensaciones, miradas, gestos y sonidos que vayamos encontrando. Yo suelo salir a pasear, como he dicho, por las noches. Antes lo hacía en compañía, logrando que la conversación de la otra persona nos nublara un poco los pensamientos del día, pero ahora lo hago sólo.

Intento llevar conmigo una carpeta con hojas, un rotulador negro, algunas canciones y el sombrero, por eso de que en el Norte siempre corre viento. Los días de lluvia aparentan ser mejores porque desnudan la ciudad y la dejan limpia, permitiendo que el ojo descubra lo que normalmente permanece oculto bajo capas de maquillaje/polución. Las ciudades, si se las quiere bien, terminan siendo más fieles que las personas, y siempre terminamos reconociendo nuestro amor por alguna. Alguna ciudad, quiero decir. (Persona también, supongo)

A pesar de mi insomnio, soy un gran aficionado a beber café por las noches. Por eso siempre que puedo me pierdo entre las mesas del Orient Express, una cafetería con aromas de tren rancio y viajes al fin del mundo, donde más cómodo me siento. El “compartimento” del fondo a la izquierda (por aquello de que la lámpara también quede a la izquierda) (manías de uno) tiene ya mi forma hecha en el banco. Algún día deberían acordarse de que yo solía parar por allí, aunque sea abaratándome el precio del café-conboladehelado o sirviéndome ración doble de chocolatina. Una vez acomodado, abro la carpeta con folios que encontré en la basura, puede que de algún arquitecto, y me dispongo a trabajar. Escribir es un trabajo como otro cualquiera, aunque no siempre deje dinero.

Leo en un cartel que pone: “Si necesitas trabajo, hazte palista”. Es otra opción, pero prefiero vivir del hambre.

En este momento, surge un problema. Recuerdos. La persona que ocupaba el otro hueco y que ahora no está. O no quiere estar. O que está tan lejos que no puede estar. La alarma de la melancolía salta y es tiempo de pagar y salir huyendo, hasta la próxima.

Para cruzar la calle, es necesario saltar algunos charcos haciendo uso del arte de los trapecistas rusos, que en ningún momento me ha enseñado nadie. Me mojo y seguiré mojado durante los dos o tres resfriados que me dura el invierno. Al torcer la esquina, abro los pulmones para que una bocanada de vida me llene hasta los poros: “TANATORIO”, reza el luminoso junto a jarrones de flores y rótulos con la orden del día. Según me de, hay días que me confundo con semblante serio entre la gente dando el pésame a unos y otros, ya que siempre hay que mantener las formas.

(continuará…)

Barcelona es una canción… (y II)

Posted in Autores on Domingo, 11 noviembre, 2007 by ajjulia

Día 2
En un principio nos levantamos tarde, puesto que en domingo la ciudad amanece dormida. Arrancamos la motocicleta por las calles vacías del Eixample para llegar a desayunar a Montjuïc, disfrutando de las mejores vistas del Puerto y la Villa Olímpica. En el trayecto nos da tiempo a recordar todos los artistas que han actuado en el Mercat de las Flors, hoy reconvertido en centro de danza.

Tras contemplar el skyline de Barcelona, aprovechamos la hora para ir a comer a la playa de la Barceloneta, tomando la Ronda del Litoral. Repostamos en una pequeña fonda uruguaya escuchando tangos de Gardel mientras preparaban la comida. El dulce de leche y la empanada aquí son exquisitas. Nos despedimos de la señora, natural de Montevideo, y volvemos junto a la arena. La sensación que provoca el mar es similar a un placebo experimentado en estados de calma extremos. Es dejarse llevar por la brisa y trasladarse a cualquier lugar del mundo. A veces uno tararea canciones que le recuerdan momentos de alegría. En mi caso es El hombre que casi conoció a Michi Panero, de Nacho Vegas.

El Raval es el antiguo Barrio Chino de Barcelona, en el distrito de Ciutat Vella. El Raval es una muestra de por qué Barcelona es especial. Allí confluyen personas de todas las etnias y razas posibles (pasando con la moto por la Rambla vemos hindúes, africanos, judíos, etc.). El edificio que más llama la atención es el del Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, donde asistimos a una exposición de las mejores fotografías periodísticas del mundo. En la plaza hay un gran cartel con las declamaciones del verbo ravalejar/ravalear, donde es obligado realizar algunas fotos. Se nota un gran caos ordenado dentro de este submundo.

En la zona hay varios cafés literarios que son necesarios para comprender un poco más la cultura del barrio. Huyendo de los lugares donde el café es sólo cuestión de minutos, hay varios locales que permiten al cansado viajero degustar libros en compañía de una taza caliente. Paramos en uno en la calle Joaquím Costa. En la estantería, los dedos recorren los distintos tomos hasta reparar en El Principito, del maestro de viajeros Antoine de Saint Exupéry. Es un libro especial por varios motivos, pero el fundamental es que el lector recupera la infancia a través de un viaje por los sueños del Petit Prince.

Antes de marcharnos, leemos un fragmento de Belén Gopegui, La conquista del aire. Entre sus páginas uno será capaz de descubrirse a sí mismo, en darse cuenta de que “lo triste no es estar solo, sino empeñarse en ignorar la soledad”. Viajar soluciona los problemas de soledad, y uno cree concluir que ese es el principal motivo de esta visita a Barcelona.

Seguimos paseando por las calles del Raval, descubriendo rincones donde se rodaron videoclips de canciones, como el gran corazón de neón rosa donde Calamaro cantaba Corazón en venta. Uno no puede dejar de silbar por dentro la de Corazón de neón, de la Orquesta Mondragón, homenaje a todas estas grandes ciudades que habitan el alma de las personas.

El tiempo se acaba. Hacemos acopio de una frugal cena en el hogar del anfitrión. Vemos vídeos del neoyorquino Elliott Murphy (especialmente emotivo el de On Elvis Presley’s birthday) y David Gray. Al final, a modo de despedida, nos abandonamos a Fito Páez y a su Naturaleza Sangre, en directo desde el Gran Rex de Buenos Aires.

El viaje comienza a tocar su fin. Los sentimientos se agolpan en cada metro recorrido, en cada canción que han recordado. Barcelona se despide del viajero, y éste se vuelve para mirar si no hay nadie detrás, como los ángeles escondidos en El Cielo sobre Berlín. Promete un regreso, quizá eterno, a la ciudad donde dejó abandonados sus sueños.

 

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“En la terraza de un café hay una familia gris. Pasan unos senos bizcos buscando una sonrisa sobre las mesas. El ruido de los automóviles destiñe las hojas de los árboles. En un quinto piso, alguien se crucifica al abrir de par en par una ventana.
Pienso en dónde guardaré los quioscos, los faroles, los transeúntes, que se me entran por las pupilas. Me siento tan lleno que tengo miedo de estallar… Necesitaría dejar algún lastre sobre la vereda…
Al llegar a una esquina, mi sombra se separa de mí, y de pronto, se arroja entre las ruedas de un tranvía.”

 

(Oliverio Girondo)

Barcelona es una canción… (I)

Posted in cartilla de viaje on Sábado, 10 noviembre, 2007 by ajjulia

“Lo peor de todo es cuando sales de tu sueño para volver a la vida rutinaria, después de todo el tiempo gastado en descubrir la ciudad en sus rincones y en las personas. Todo empezó al leer un lema que atrajo la mirada: Avui pot ser un gran día…”

Día 1
A veces las grandes urbes pasan desapercibidas en toda la marabunta de coches y edificios que conforman el paisaje casi lineal en que se han visto transformadas, llegado el nuevo milenio. Hay miles de maneras de vivir las ciudades, como hay formas increíbles de recorrerlas. El viajero decide salir de madrugada hacia Barcelona, la ciudad condal, para en dos días recorrer al máximo posible retazos de canciones y fragmentos literarios que ha ido recogiendo en su memoria con la capital catalana como protagonista.

Lo primero que llama la atención, en los momentos previos del desayuno que han preparado en la mesa a base de café con miel, es el avión de juguete que reposa en la estantería del comedor. Japan Airlines. Tras meterse el souvenir en el bolsillo, la próxima vez que vea la luz sea a bordo de una motocicleta que le lleve a volar en la parte alta de la ciudad. El Tibidabo es ahora un parque de atracciones que guarda el sabor añejo que mantienen sus atracciones. Destaca el aeroplano bimotor Piper Twin Comanche que sobrevuela el recinto desde 1928, año de inauguración de la línea Barcelona-Madrid. Una primera estampa se refleja en la cámara fotográfica, un carrusel similar al de la película de Amelie de Jean-Pierre Jeunet. El anfitrión, apuntalando el motivo de la visita, recuerda una canción de José Ignacio Lapido. El carrusel abandonado. A uno le impresiona verse inmerso de pronto en historias de otra época, enfundado con unas gafas y un casco de cuero dirigiendo aquel avión de la JPA en las alturas.

La bajada en Vespa se hace ligera. Es fácil moverse entre los coches si sabes cómo. La siguiente parada será buscar a Gaudí en Gaudí. Entre las calles del Carmel, aquel barrio que se derrumbó por unas obras mal planificadas, se encuentra el Park Güell. Los turistas abarrotan ya la plaza principal pese a la hora temprana que es. La sensación de llegada a uno de los grandes centros neurálgicos de la Cataluña modernista se da a la entrada, donde un músico toca a Serrat . Mediterráneo parece más bien una declaración de intenciones, una llamada a recordar que los entresijos del Parque están preparados para recibir el sonido de las notas musicales de una manera envolvente, llevando al espectador a sentirse barcelonés por un día, a querer ser catalán por unas horas. La piedra y los mosaicos simbolizan también notas musicales.

Para enlazar con el mismo Gaudí, aún en la retina, acudimos raudos hacia la Sagrada Familia, obra póstuma del genial arquitecto de Reus. El templo, aún inacabado, se ha convertido en uno de los símbolos reflejados en las postales. Dos turistas se acercan pidiendo que les hagamos una foto bajo las torres de la Crucifixión, con la calavera al pie de la cruz. Hablamos con ellos largo y tendido sobre lo que significan muchos de los factores de la fachada, su simbología y las mágicas fórmulas matemáticas que Gaudí dejó a sus sucesores para que siguieran construyendo la escultura. Todo parece realizado de manera aleatoria, con elementos dispares, pero no en este caso. La naturaleza es imitada de una manera casi imposible. La pareja de turistas, bolivianos, se marchan agradecidos. No deja de ser gracioso que un tema del otro lado del atlántico aparezca junto a la tumba del arquitecto, y que éste sea el Lamento boliviano de Enanitos Verdes; lamento que algunos parecen sentir de emoción a las plantas de la Sagrada Familia.

Siguiendo nuestra ruta literaria, no podíamos dejar pasar la Estació del Nord, lugar donde tantas despedidas se hacen realidad, para aparcar la motocicleta y seguir el recorrido a pie por el Barrio Gótico. Queremos ver por fuera la Iglesia de Santa María del Mar, que inspiró a Ildefonso Falcones en su libro La Catedral del Mar. Antes de llegar, y casi sin esperarlo, una caligrafía enorme ilustra una pared naranja con un texto del poeta catalán Joan Salvat-Papasseit: “camí de sol/per les rutes amigues/unes formigues (camino del sol/por las rutas amigas/unas hormigas)”. En realidad, uno no deja de verse sorprendido por aquella gran portada impresa en papel de hormigón.

A través de las angostas y solitarias calles de la Judería, donde destaca la antigua sinagoga, bordeamos la plaza de Sant Jaume, enfrentando el edificio de la Generalitat de Catalunya y el Ayuntamiento barcelonés. Nuestra primera parada de la mañana será en la Plaza Real. La historia personal del viajante se entremezcla con las nostalgias de la música de Andrés Calamaro, que será mencionado en varias ocasiones, justo al llegar a la fuente donde el argentino se recrea en Todo lo demás. Junto a la fuente brotan dos de los clubes de música más importantes en cuanto al nivel de sus conciertos: el Jamboree y el Sidecar. En el primero han tocado artistas de la talla de Ella Fitzgerald, Tete Montoliú, Joan Manuel Serrat o “la trompeta de terciopelo” de Chet Baker, poco antes de su suicidio.

El Sidecar es un feudo del rock nacional. El cantautor argentino Sergio Makaroff ha esperado sentado en Color en el blanco y le robaron la mountain bike en la Plaza Real en Tranqui Tronqui. El viajante repara en que los bancos de la plaza son de una sola plaza; la razón es tan sencilla como evitar que los vagabundos que se sientan en ellos acampen allí durante las noches. Vemos algunos de estos preparando su festín de almuerzo con vino de por medio, así que nosotros decidimos ir también a comer.

En Barcelona hay una especialidad que no hay que salir sin haber probado: la “butifarra del país” del Viena. Degustamos una junto al Triangle de la Plaza de Catalunya. Al salir, ya en una tienda de libros y discos (no podía ser menos), nos tropezamos con uno de los escritor más conocidos de la ciudad. La casualidad nos lleva frente al autor de La Sombra del Viento, Carlos Ruiz Zafón, quien sin duda contribuyó a que el lector mundial se acercara hasta los parajes donde se desarrolla la novela. La compra se compone de una biografía de Serge Gainsbourg y un poemario de Leopoldo María Panero. En busca de la moto, necesitando ya un descanso, pasamos por delante del Museo Picasso y un santuario funerario al estilo mexicano con la imagen de la artista plástica Frida Kahlo en un altar. Se celebra el día de los difuntos.
Ya por la tarde, cuando comienza a anochecer, resolvemos asistir a un concierto para darnos algo de tregua. Las piernas ya empiezan a flojear después de toda la jornada. Los elegidos son Gastelo, un grupo de Santander con los que hacemos buenas migas. Hablamos del negocio de la producción y de la salida en el mercado de los nuevos grupos. Suenan bastante bien, sobre todo por la dulzura de la voz de Vicky, su cantante solista.

La noche es un paseo simbólico por la gastronomía típica de Cataluña. Las tapas que se ofrecen en las tabernas del Barrio de Gràcia son casi insuperables. La rumba catalana tuvo su máxime apogeo en los años sesenta, con la aparición de El Pescaílla, natural de aquí. El aroma y la musicalidad de las callecitas y plazuelas del distrito se disuelven entre los cines-club, los mercados y las terrazas. Ponemos fin al día, cómo no, hablando de música en el Bar Verde, donde no paran de sonar David Bowie y The Sunday Drivers. Ya en casa, antes de ir a dormir, realizamos ua grabación casera de Héroe de Leyenda, de Héroes del Silencio. Así nos sentimos nosotros, héroes por un día…

Microcuento

Posted in cartilla de viaje on Lunes, 5 noviembre, 2007 by ajjulia

Amanece en Muntaner, en un abrir y cerrar de ojos todo concluye.
Las señales en el Bar Verde se tornan realidad en algún punto lejano en el mapa.
Tú también estás aquí…

“Dejaré mis sueños en tu casa, volveré de nuevo para recogerlos.”
Barcelona es Vespa.

(…)

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para escuchar… U2 – Stay