(aunque no tenga más que decir, y solo porque lo pidieron.
Pero que conste… prefiero el silencio)

Miré al pasado con tus ojos
y no ví más que miedo.
Qué hubiera ocurrido en el caso
de no nombrar fatídicas palabras,
cuando no debimos,
para así seguir a tu lado.
Fue por perderme en mi tristeza rota
y querer entregarte lo
único que tenía: palabras de diario
no acertadas para el momento,
ansioso por la vida imaginada,
angustiado junto a ti
en cada llamada de cada noche
consolando tus lágrimas al otro lado
del teléfono.

Rescato esas noches a miles
de kilómetros sin acertar a olvidarte,
mientras continúo espiando
a través de la brisa que completa tu perfume.
Me fundo sin querer lentamente mientras
escribo estas fábulas sin amor
y sollozo esperando salir de este psiquiátrico,
que absurdo inventé por cuenta ajena
la noche que caía nieve sobre el mar.
Ya que el mundo giraba demasiado y no
pensamos que nos queríamos,
cada uno a su manera,
tan lejana y distinta,
al otro lado del teléfono.

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9 comentarios to “”

  1. Si entre muchas verdades eliges una sola y la persigues ciegamente, ella se convertirá en falsedad, y tú, en un fanático.

  2. me gusta, aunque para mi gusto, casi. solo una vuelta de tuerca mas, una.

  3. Espejo, teléfono, kilómetros… siempre un miedo que separa.

    Terapia más sencilla: hablarlo CARA A CARA.

  4. No hay miedos que separan. El miedo es uno mismo.
    De terapia, mejor ni nombremos.
    EL TIEMPO PONE A TODOS Y A CADA UNO EN SU RESPECTIVO SITIO.

  5. Al otro lado del teléfono uno nunca tiene la certeza de qué es lo que ocurre. No hay nada mejor que sentirlo en la mirada de la otra persona.

    un beso 😉

  6. Increible que exista alguien tocado por la subita sensibilidad que entraña el silencio, que seduce perdidamente sólo a algunas almas, a veces malditas… aunque suelo pensar que unicamente ellas han sido escogidas para escuchar a la divinidad, por ello viven en el silencio. Lo prefieren, lo a acarician, lo sueñan, lo deliran, lo extrañan cuando están perdidos en las profundas y espesas selvas de cemento en la que suelen agazaprsen animales más nocturnos y peligrosos que nuestras propias almas, que nuestros propios daimones, aquellos viejos conocidos que de vez en cuando nos visitan en el psiquiatrico y se toman una deliciosa taza de caféy se comen un par de galleticas de naranja al ardid de nuestra irrealidad.

    Ps: ¿por qué filosofía para locos?

  7. Creo que es de los mejores poemas que has escrito, Tito.

  8. “Me fundo sin querer lentamente mientras
    escribo estas fábulas sin amor”

    A mí no me engañas, amigo. Aquí huelo Amor. Hay una sobredosis de Amor, algo inconmensurable. Rezuma por todos los poros de cada verso.

    Saludos poéticos,

    E.

  9. “No es capaz de amar, pero tampoco está dispuesto a olvidar o a ser olvidado. Se agarra de manera grotesca al último beso, como si fuera el último segundo del último día del fin del mundo. ¡Es tan exagerado en su dolor que causa risa!”

    Ray Loriga – “Ya sólo habla de amor”

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