Archivos para abril, 2009

La noche del cazador

Posted in versos nocturnos on Jueves, 30 abril, 2009 by ajjulia

Querrás que aparezca en ti en otra ciudad
con otros nombres
quizá con algún que otro poema de amor
no dedicado a ti eso basta.
Estaremos a piedras,
acertando al poco en las dianas de la vida,
en un tiempo imposible de verse revertido.
La noche del cazador
se celebra, en ocasiones revestida
en trajes rojos sobre tus zapatos.
Puede que te obligue a recordar
cómo mentías al olvidarme
maldición sin necesidad
la mirada perdida,
y el tal vez que siempre aguardando.
Let me in, cierren compuertas
dadas por inesperadas.
Dejó de ser curioso cuando retorné
a errar mi nombre en los espejos
a dar mi vida finalmente por perdida

La vida (de funcionario) apesta

Posted in cuaderno azul on Jueves, 30 abril, 2009 by ajjulia

La vida apesta. Salía del tren sintiéndome un funcionario más, quizá cartero o aspirante a oficinista nocturno sin aspiraciones a más ni espacio a los sueños. El caso es que venía por la calle detrás de tres mujeres realmente feas, entradas en esa treintena en la que los intentos por agarrar un buen marido o una polla que llevarse a la cama suelen ser tan desesperados como las historias de perros escapando del infierno. El síndrome de Sexo en Nueva York, lo llamo yo. Hablaban de cremas y de un estante y de aloe vera en un frasco que se absorbe bien y les deja la cara tersa. Mierdas, me dije, no os hace falta. Necesitáis un milagro. Al girar la calle no se volvieron, cruzaron y entraron en el mismo edificio que yo. Piso ocho. El ascensor hizo la conversación entre ellas insoportable, les deseé una posible buena tarde y que alguien se apiadara de ellas. Ocho horas por delante, la mente puesta en cualquier lugar menos en las noticias de gente muriendo y la agenda cultural para el fin de semana.

No somos nadie, pensé, no somos nadie.

Un verde habrá

Posted in versos nocturnos on Domingo, 19 abril, 2009 by ajjulia

Un verde hubiera
en cada uno de tus sueños,
como si entrelazados trataran
de olvidarse, o embriagados
por cada ocasión lamentada.
Gime la chica de la barra,
apunta algunas frases que no acierto
a escuchar, intentando
no caer de nuevo en esa rutina.
Y es el pasado lo que le resta al futuro,
tal vez cierto intento de regreso,
incierto a la deriva
de búsquedas infructuosas.
En cada postal que habito,
un cúmulo de recuerdos inventados,
jugando con vidas paralelas
hasta tratar con el mismo diablo en mi interior.
Pese a los intentos por disfrazar
las penurias, los miedos,
la depresión, la inseguridad,
una y otra vez regreso
al puente acristalado,
donde quemé la mitad de la vida;
a la arena de la playa donde renació
un nuevo yo de las cenizas,
hasta llegar a alcanzar
la misma luz de fuego,
incluso hasta hacer florecer cualquier desierto.