Archive for the cuaderno azul Category

La vida (de funcionario) apesta

Posted in cuaderno azul on Jueves, 30 abril, 2009 by ajjulia

La vida apesta. Salía del tren sintiéndome un funcionario más, quizá cartero o aspirante a oficinista nocturno sin aspiraciones a más ni espacio a los sueños. El caso es que venía por la calle detrás de tres mujeres realmente feas, entradas en esa treintena en la que los intentos por agarrar un buen marido o una polla que llevarse a la cama suelen ser tan desesperados como las historias de perros escapando del infierno. El síndrome de Sexo en Nueva York, lo llamo yo. Hablaban de cremas y de un estante y de aloe vera en un frasco que se absorbe bien y les deja la cara tersa. Mierdas, me dije, no os hace falta. Necesitáis un milagro. Al girar la calle no se volvieron, cruzaron y entraron en el mismo edificio que yo. Piso ocho. El ascensor hizo la conversación entre ellas insoportable, les deseé una posible buena tarde y que alguien se apiadara de ellas. Ocho horas por delante, la mente puesta en cualquier lugar menos en las noticias de gente muriendo y la agenda cultural para el fin de semana.

No somos nadie, pensé, no somos nadie.

Anuncios

Girando en espiral

Posted in cuaderno azul on Miércoles, 29 octubre, 2008 by ajjulia

Hay días que giran y giran en espiral como si se tratara del viejo carrusel abandonado. Una vez entras en el túnel de la desesperanza, no hay marcha atrás. Desoyes todas las voces que intentan convencerte de lo contrario y sólo presentas respeto al nuevo otoño. Cuando conviertes la vida en rutina y cada hora se parece a la anterior, y los días entrantes son iguales al primero… es que algo falla.

Para solucionar un problema, primero hay que conocer las causas que lo provocan. Todo mal cuando no tienes constancia ni de que exista tal problema. El problema eres tú mismo. No hay sitio donde ir, no merece la pena huir. Islandia siempre está entre los lugares frecuentes de escapada, pero da miedo coger el avión y abandonarte en Reykjavík. Londres es una de las pocas ciudades del mundo donde es posible vivir del aire, pero ya la conocemos de sobra. Lisboa, descartada: demasiado melancólica en esta época del año.

Buenos Aires, siempre Buenos Aires. Soñar es gratis, volar no. La ecuación es más compleja de lo que parece. El futuro es cada vez más imposible. Yo, personalmente, odio pensar en exceso. Me encantaría desenchufarme algunas horas al día, las que vienen acostumbrando a ser rutinarias.

Cerrado, de 08.00 a 23.00. Cerrado por derribo. O algo así.

Autobuses rojos

Posted in cuaderno azul on Miércoles, 29 octubre, 2008 by ajjulia

Una de las mejores maneras de disfrutar de los días de lluvia la tengo en los autobuses urbanos. Mi familia se queja de que para tomar café, costumbre como cualquiera, tengo que ir hasta los cafés del centro. Algunos de mis favoritos rincones de Madrid tienen que ver con veladores de mármol y sofás desvencijados.

Son los escondites idóneos para resguardarse de miradas ajenas, en una ciudad en la que cada vez hay más tipos raros como yo que acuden sólos a los cafés. Aquí todo el mundo es ajeno y se hacen menos preguntas. Releo, empapado por la tormenta mientras espero a un amigo, algunos pasajes de “Historias de Londres”, de Enric González.

De Londres y en Londres me enamoré perdidamente hace unos cinco o seis años. Traigo a colación su recuerdo porque todo lo importante ocurría en los autobuses rojos. Fue durante una de las imprevisibles tormentas de verano cuando comprendí el carácter británico y cómo el piso de arriba de los buses servían para comer, dormir, conocer gente y robar besos.

Gracias a Enric González sé ahora cuánto echo de menos aquellos días de Londres, en especial el sabor del gin and tonic cercanos los jardínes de Kensington (donde apareció Peter Pan). Mientras, recorro Madrid bajo la lluvia en uno de esos autobuses que, traicioneros, han perdido ya hasta el color rojo.

Al lado del camino

Posted in cuaderno azul on Martes, 28 octubre, 2008 by ajjulia

Me quedo a oscuras en la inmensa soledad de Madrid, escuchando de lejos a Fito Páez. El maestro de Rosario me estremece cada vez que suena “Un vestido y un amor” al piano, y qué se yo que tendrán las canciones.

Hace tiempo que no escribo: por falta de aventuras reseñables, o por la sequía que me asola debido a mi nueva situación de comodidad, en la que no me encuentro del todo a gusto. La vida es más compleja que esto, tiene que serlo, me digo cada noche que permanezco sin dormir. Empiezo a sentirme mero espectador de mi vida, como si permaneciera simplemente al lado del camino, sin responsabilidades sobre mis actos.

A veces, por costumbre, tomo algunas notas de aquí y de allá. Me cuesta perderlo todo tan pronto, los recuerdos, los olvidos. Me provoca un profundo miedo escribir: los poemas, las canciones… con los que ya no me atrevo. Son superiores a mí.

Salgo a mirar por la ventana, mientras los ojos pronto se acostumbran a la oscuridad de la noche de Madrid, pero no a su imnensa soledad.

Epitafio

Posted in cuaderno azul on Domingo, 18 mayo, 2008 by ajjulia

Cuando se debatía en la agonía de su muerte acerca de cuáles serían sus últimas palabras, el destino le regaló una nueva oportunidad para seguir viviendo. Aún no había pensado un epitafio, redondo y memorable, y tardó años en escribirlo.

Feliz año tardío

Posted in cuaderno azul on Domingo, 6 enero, 2008 by ajjulia

Este año que empieza, por fin, no tengo ningún propósito nuevo. Soy realista. No cumpliré lo que no he hecho en todo el año pasado. Es más, aún tengo por realizar los deseos de 2005/2006/2007, que quedaron colgando.

Espero escribir más, eso sí, dejar la introspección de mi diario para ejercitarme en las calles. Al fin y al cabo,  como dice mi amigo Andrés: “este año ha sido un año, que no es poco”.

Feliz año 2008… bueno, y 2007 también.

El paseo (I)

Posted in cuaderno azul with tags , , , on Miércoles, 21 noviembre, 2007 by ajjulia

Me gusta salir por las noches, ahora que ha llegado el invierno, a pasear. El paseo debe ser como lo inventó Walser, sin un proposito definido y, por lo general, durante un período de tiempo vago. Paseamos por norma buscando encontrar algo dentro de nosotros mismos, cuando lo que propio sería dejar la mente en blanco y empaparnos de todas aquellas sensaciones, miradas, gestos y sonidos que vayamos encontrando. Yo suelo salir a pasear, como he dicho, por las noches. Antes lo hacía en compañía, logrando que la conversación de la otra persona nos nublara un poco los pensamientos del día, pero ahora lo hago sólo.

Intento llevar conmigo una carpeta con hojas, un rotulador negro, algunas canciones y el sombrero, por eso de que en el Norte siempre corre viento. Los días de lluvia aparentan ser mejores porque desnudan la ciudad y la dejan limpia, permitiendo que el ojo descubra lo que normalmente permanece oculto bajo capas de maquillaje/polución. Las ciudades, si se las quiere bien, terminan siendo más fieles que las personas, y siempre terminamos reconociendo nuestro amor por alguna. Alguna ciudad, quiero decir. (Persona también, supongo)

A pesar de mi insomnio, soy un gran aficionado a beber café por las noches. Por eso siempre que puedo me pierdo entre las mesas del Orient Express, una cafetería con aromas de tren rancio y viajes al fin del mundo, donde más cómodo me siento. El “compartimento” del fondo a la izquierda (por aquello de que la lámpara también quede a la izquierda) (manías de uno) tiene ya mi forma hecha en el banco. Algún día deberían acordarse de que yo solía parar por allí, aunque sea abaratándome el precio del café-conboladehelado o sirviéndome ración doble de chocolatina. Una vez acomodado, abro la carpeta con folios que encontré en la basura, puede que de algún arquitecto, y me dispongo a trabajar. Escribir es un trabajo como otro cualquiera, aunque no siempre deje dinero.

Leo en un cartel que pone: “Si necesitas trabajo, hazte palista”. Es otra opción, pero prefiero vivir del hambre.

En este momento, surge un problema. Recuerdos. La persona que ocupaba el otro hueco y que ahora no está. O no quiere estar. O que está tan lejos que no puede estar. La alarma de la melancolía salta y es tiempo de pagar y salir huyendo, hasta la próxima.

Para cruzar la calle, es necesario saltar algunos charcos haciendo uso del arte de los trapecistas rusos, que en ningún momento me ha enseñado nadie. Me mojo y seguiré mojado durante los dos o tres resfriados que me dura el invierno. Al torcer la esquina, abro los pulmones para que una bocanada de vida me llene hasta los poros: “TANATORIO”, reza el luminoso junto a jarrones de flores y rótulos con la orden del día. Según me de, hay días que me confundo con semblante serio entre la gente dando el pésame a unos y otros, ya que siempre hay que mantener las formas.

(continuará…)